jueves, 19 de julio de 2012

4 días después...

Hace cuatro días me di cuenta de que la vida dura solo un momento, es cuestión de minutos pasar de la diversión a la tragedia, de la alegría a la tristeza, y de estar en pie a estar en cama. Como una película de ciencia ficción con toques de efectos especiales se resume lo que hasta ahora ha sido un “regreso a la vida”. Suena dramático y quizás hasta clicheroso, pero es cierto que la única manera de aprender en esta vida es de las experiencias y de la ardua tarea que es vivir. Vivir con un propósito, con una meta, con proyectos, no es nada fácil, y más cuando aún no te planteas lo que quieres en realidad. Hace 4 días, lo que ocupaba mis minutos era la banalidad de que vestir, deseando que llegara el fin de semana para disfrutarlo al máximo en una discoteca, poner a rodar por mis venas todo el alcohol que pudiese ingerir y ser el alma de la fiesta inclusive cuando llegaba al final. Así ocupaba mis minutos, entre risas, chistes y anécdotas complacía todo el que estaba a mi alrededor, creyendo que era el ser más arriesgado del mundo, que como yo no hay dos y que mi vida era tan plena y tan divertida que la aprovechaba al máximo; no había momento de pensar que era un gran daño lo que me estaba haciendo, que así como han pasado estos cuatro días, pasaban mucho más rápido aquellos minutos, horas, días en que creía era feliz y para entonces, era mi propósito. La Felicidad, sólo que con un concepto errado. Esto de plantearse ser feliz tampoco es muy recomendable, porque le quitas emoción a las cosas, a la tragedia, a la rabia, a la tristeza; si sólo buscas la felicidad puedes llegar a agotarte sin encontrarla, la felicidad no se busca, ni se vende, ni la consigues en la esquina, la llevas contigo, sólo es cuestión de saber administrarla y aprovecharla cuando sea necesario, dijera un gran amigo mío: “La felicidad está dentro de ti”. Llevo aproximadamente ocho años leyendo esta misma frase, pero era tan ciego para ver que las cosas más simples te alimentan tu felicidad; un carro, viajes, lujos, una vida sin preocupaciones sólo la malgastas, y eso estaba haciendo yo, malgastando mi felicidad. Escuchar consejos, eso no estaba en mis planes, nunca lo ha estado. Muchas personas, familiares, amigos y conocidos se cansaban de aconsejarme, que tuviese precaución, la ciudad estaba muy peligrosa. Llamadas incesantes de mis padres preguntando: Donde estás?, a qué hora regresas a la casa?, y siempre de respuesta, una mentira, ya voy en camino, estoy en casa de una amiga, pero ya me voy a la casa, cuando sinceramente lo que se estaba era planeando que hacer , aunque la ciudad no te ofrezca muchas opciones, o por lo menos esa es la excusa que todos los que vivimos en Puerto Ordaz tenemos de medalla, una ciudad que no ofrece nada para hacer, solo discotecas, y salir a las calles, emborracharte y terminar en muchos casos en el río. Felicítenme, esa etapa si la había superado, la del río digo. De lo demás está decir, que si hubiese escuchado alguno de estos consejos, quizás no estaría hoy en día postrado en una cama sin poder levantarme, aunque no le voy a echar la culpa ni al destino ni a los consejos nunca escuchados, simplemente fue algo que tenía que pasar para darme cuenta que no era el camino correcto por donde iba.

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